ARTICULOSASOCIADOSCOMUNIDADES DE PROPIETANIOSCOLABORADORESPROVEDORES

Pulse aquí
 
VALCAP Internet

 
 
Home
 
NUESTRO BOLETIN
"LLAVE EN MANO".
Las últimas novedades y noticias del mundo inmobiliario. ¡¡¡Suscribase a nuestro boletín.!!!
 

 
 
NOVEDADES
 
Valcap Madrid

 
 
valcap partnerlinks
 
1999-2005
eXTReMe Tracker 2006 - 2008
Private tracker


Creado por:

www.h2media.es

© 2008 Valcap.es

Ante las dudas, precaución
Ángel Aznárez (notario)


Uno de los principios básicos de actuación ante cuestiones medioambientales y de riesgo para la salud de las poblaciones es el llamado "principio precautorio", que obliga a los poderes públicos a actuar aunque no existan evidencias científicas definitivas sobre tales riesgos, principio que destaca Anthony Giddens, ideólogo y mentor de Tony Blair, en su libro "Un mundo desbocado".

Ese principio parece ser de aplicación en el polémico y actual tema de las antenas - mejor, torres de antenas - de telefonía móvil, instaladas o a instalar principalmente en las cubiertas de edificios urbanos.

En primer lugar, hay que decir que es la autoridad pública - administraciones competentes - las que han de intervenir por vía normativa y de Policía por exigencias nada más y menos que constitucionales. La Constitución vigente, además de ser un texto escrito que,. afortunadamente, permite muchos festejos de "santo y cumpleaños", obliga a los poderes públicos a hacer efectivos derechos fundamentales de los ciudadanos, entre los que están el derecho a la integridad flsica (art. 15), a la protección de la salud (art. 43) y a disfrutar un medio ambiente (art. 45); y si las administraciones públicas no actuasen, su omisión estaría violando la norma constitucional.

No es fácil intervenir políticamente en cuestiones de posibles riesgos para la salud, donde los científicos dudan tanto o se les "obliga" a dudar, y donde las presiones económicas de los "lobbies" poderosos mandan tanto, pero en la representación política y en la soberanía popular no se distingue entre lo fácil y lo difícil. "Seamos realistas y pidamos lo imposible", se gritó en el 68 francés; ese grito: ¿sigue actual hoy, cuando tanto se creyó avanzar?

En segundo lugar, son los propietarios de los edificios en los que se instalan esas macroantenas los que han de permitir su instalación. Y en estos momentos, ignorándose u ocultándose los datos científicos sobre los riesgos para la salud de esas instalaciones, instalar una de esas macroantenas es algo más trascendente que un simple "arrendamiento de un elemento común" (artículo 17 de la ley de Propiedad Horizontal), que requiere el voto favorable de las tres quintas partes del total de los propietarios, "así como el consentimiento del propietario directamente afectado"; y surge la pregunta: ¿no son afectados todos los propietarios?, ¿es sólo afectado el que vive justamente debajo de la cubierta en donde se instaló la antena?, ¿los que viven en el inmueble, por ejemplo, arrendatarios, no siendo propietarios, son afectados también?, ¿un propietario disconforme con la instalación podría impugnar judicialmente el acuerdo de instalación suponiendo "un grave perjuicio para algún propietario que no tenga obligación jurídica de soportarlo o se haya adoptado con abuso de derecho?

Como lo que debería estar resuelto no lo está, se obliga a un desplazamiento del tema a la sede judicial, siendo en el estado actual - falta u ocultamiento de información científica - costoso y difícil construir una pieza probatoria; sabiendo, además, que las cuestiones medioambientales son muy lucidas para hacer discursos y quedar bien en salones y teatros, pero "hincarle" el diente, como revela la jurisprudencia penal, no parece fácil por razones económicas, por falta de real sensibilidad y por el descrédito de radicales propuestas ecologistas (ecoloradicales).

En tercer lugar, parece ser que los posibles efectos de las repetidas antenas afectan también de manera importante a los edificios próximos. Los propietarios de éstos, ¿han de permanecer con los brazos cruzados?

Sin duda que sería de aplicación la fundamentada doctrina y jurisprudencia sobre emisiones, pero tal vez no sea suficiente, siendo el concepto de límites de la propiedad el núcleo argumentativo básico, teniendo en cuenta que el concepto de límite no es algo añadido, sino que es esencial para el reconocimiento constitucional de la propiedad privada. Pero aquí también se produce un desplazamiento a la sede judicial con las dificultades más arriba indicadas.

Se comprende que muchas comunidades hayan visto el cielo abierto con el cobro de una sustanciosa renta por la instalación de una torreta de antenas de telefonía móvil. Pero una cosa es comprenderlo y otra admitirlo cuando hay potenciales riesgos para la salud. Una regla básica de la vida social, básica y al mismo tiempo muy vulnerada, es que el beneficio económico personal no puede basarse en daños a terceros. El beneficio económico, justificador de todo o casi todo, es el mismo argumento reaccionario que en estos días (Conferencia de La Haya) se está utilizando para limitar políticas económicas dañinas para el medio ambiente.

Es menos comprensible que responsables políticos en orgía permanente con las nuevas tecnologías ("softpetrimetres") sean tan insensibles a temas básicos para los ciudadanos e ignoren los efectos devastadores que para la estabilidad política tiene la incertidumbre y desconfianza de los ciudadanos, y eso no es planteamiento progresista, sino reaccionario, y muchas veces manipulados sin saberlo por potentes grupos de presión.

Dos consideraciones finales. Primera: resulta sorprendente que en época de grandes avances científicos con tanta frecuencia la "tecnociencia" "dude" en tantas cuestiones vitales y cotidianas; los políticos se parapetan en la barrera de los expertos ("expertocracia") y éstos callan o dicen no saber, dando la sensación de que lo único cierto es que todo es incierto. Segunda: ha sido lamentable la actuación de los poderes públicos en materia de prevención y protección de la salud pública.

Nefasta fue la actuación del Gobierno socialista francés en el asunto de la "sangre contaminada", con resultado de cientos de muertos; nefasta fue la actuación del Gobierno conservador inglés en el asunto de las "vacas locas", también con resultado de muertos... Los ejemplos, de aquí y de allí, numerosos. Lo último, lo del "Tireless". ¿Quién se fia?

Hace cientos de años, un jesuita español ya advirtió que los "hombres y asuntos de Estado" se acaban convirtiendo en "hombres y asuntos de Establo", y eso sigue siendo una triste realidad, al menos en cuestiones de protección sanitaria de la población.

Ángel Aznárez Rubio
Notario

http://www.grn.es/electropolucio/notari.htm